¡Por suerte nací! Fue un 26 de agosto en Buenos Aires (y eso que a mí me gusta más el verano).
Cuando era chica, las maestras siempre mandaban a la Dirección mis “composiciones” (como les decíamos entonces a los textos que nos pedían en la escuela). Allí  me ponían firmas, sellitos y felicitaciones en el cuaderno.  A mí me encantaba, pero también me daba un poco de vergüenza, porque me sentía un bicho raro. ¡Encima era la gordita de anteojos! Imaginate.
Todavía me acuerdo de este poema que escribí  en 4º grado:


Luna, lunita, tan pequeñita,
tan blanca como la sal,
dime si el sol te acompaña 
en tus juegos por el mar.
Dime si el cielo te aprecia
como princesa mayor 
y si el solcito en secreto 
te escribe cartas de amor… 

¡Uf! ¡Cómo se nota que  siempre fui una romántica empedernida! Después llegaron los cuentos y las canciones, acompañándome con la guitarra. (También me puse lentes de contacto y bajé un poco la panza).
Me recibí de profe de inglés en el Lenguas Vivas y trabajé dando clases en colegios, institutos y empresas. Hasta fui Directora durante varios años. Mientras tanto, ayudaba a crecer a mis hijas (y les contaba cuentos, por supuesto). Pero además, leía y escribía. Hasta que me decidí y comencé la carrera de Letras, primero en la UCA y después en la UBA.
Recuerdo que una vez me presenté en la redacción de una revista, de puro caradura. No tenía experiencia periodística alguna, pero me tomaron igual. Hice notas de cualquier cosa: desde recetas de cocina hasta tests psicológicos. ¡Aprendí un montón! Entonces supe que quería trabajar toda mi vida con las palabras, además de jugar con ellas.
Y así  fue: entré en una editorial y más tarde, en una “puntocom”. Aún hoy sigo trabajando con las palabras –en castellano y en inglés–, ya que manejo la Comunicación Institucional de un  prestigioso colegio bilingüe, con blog, Twitter, RSS y todo. Porque me encantan los libros, pero también Internet.
¿Sabés que es lo que más me gusta de mí? Que me gusta crecer y aprender. Sobre todo, a amar. Nadie te lo dice, pero yo te lo cuento: a amar también se aprende. A amarnos a nosotros mismos y a los que nos rodean; a amar lo que hacemos, lo que somos, lo que soñamos ser…

Libros en Abran Cancha:
Claudia Maiocchi